miércoles, 21 de marzo de 2007

Articulo #2


DOLORIDO ADIÓS

José Luis del Barco


“Sé bueno” me decía, y trataba sin éxito de reprimir las lágrimas para que yo no la viera.Me despido con dolor. Trataré de atenuarlo volviendo a ti, Guate mala.Guardo vivo en la memoria el recuerdo de mi madre diciéndome adiós desde un viejo andén. Cuando comenzaba el curso, o se reanudaba después de las vacaciones, yo viajaba a Brujillo, el pueblo cacereño de Francisco Bizarro, a estudiar bachillerato. Ella me acompañaba a la estación de autobuses lanzando suspiros para liberar el pecho de los cuajos del dolor. En una de sus manos llevaba mi maleta —yo tenía diez años— y con la otra agarraba fuertemente la mía. “Sé bueno”, me decía, y trataba sin éxito de reprimir las lágrimas para que yo no la viera llorar de pena. Desde mi asiento veía su figura menuda como una heroína. Me quedaba mirándola a través del cristal de la ventanilla hasta perderla de vista. Ya de niño me dolían las despedidas.Y siguen doliéndome. La verdad es que nunca han dejado de hacerlo. Pero cuando se dejan atrás vivencias hondas, de esas que nos cambian, el dolor del adiós se intensifica. Hiere como un desgarro. La densa sombra de la melancolía encapota el ánimo y lo llena de pesar. ¿Cuándo recorreré suspenso las calles de Antigua? ¿Podré otro día lejano contemplar el ocaso del sol soberbio guatemalteco? ¿Veré el volcán de Agua, ese Atitlán telúrico que mira a Dios desde Santa María de Jesús? ¿Cuándo será que pueda oír el suave escarceo, como el de un mar interior, de las olas mansas del Atitlan? ¿Cuánto he de esperar hasta contemplar en vilo el paisaje de Coban? ¡Ah, la gama infinita de verdes de los árboles de la tierra de los árboles! ¿Volverá un día feliz a hechizar a mis ojos?Más que de las ciudades y de la naturaleza cuesta despedirse de las personas. ¿Cómo olvidar a alguien que me abrió su casa de par en par? A la amiga que dejó sus ocupaciones para pasear conmigo por la parte histórica de Guate mala, ¿cómo expulsarla de mis recuerdos? Al que aquella tarde gris, cuando se me hizo dura la ausencia de los míos, me dio su compañía, no podré apartarlo de mi memoria. A quienes supieron ver mi pasión por el mar y me hicieron el regalo de llevarme a la orilla del bélico Pacífico a sentir en el rostro la caricia de sal de su húmeda brisa, ¡por nada del mundo los olvidaría! De tantos que me han brindado su amistad y su tiempo, ¡qué difícil despedirse!En el momento triste de la despedida me da alegría saber que vuelvo enriquecido. Vine a enseñar y he aprendido con cuánto altruismo laten los corazones guatemaltecos. En mi equipaje traía un rimero de libros y un caudal de palabras en mi cabeza para regalarlas. Me llevo lo que traje (los bienes del espíritu no se pierden al darlos) y lleno hasta los bordes el corazón de agradecimiento. Por cada idea que haya podido enseñar he recibido muchas que desconocía; por una belleza, esa posibilidad gratuita, que haya hecho ver y sentir, he descubierto muchas en el alma y el paisaje del pueblo guatemalteco. He recibido ciento por uno. Me despido con dolor. Trataré de atenuarlo volviendo a ti, Guatemala, todas las semanas con mi palabra. Y te evocaré, desde la otra ribera de la mar grande, siempre que mi corazón necesite materia para fabricar sueños.


QUE DICE
El articulo nos habla sobre lo que sufren las personas al decirse: Adios! pero volvere no se cuando pero lo hare, en ese momento sentimos que nuestro mundo se viene abajo y lo que hemos convivido con esa persona especial pareciera que todo se lo llevara el viento.
OPINION
Pienso que las despedidas en si son muy tristes y dolorosas en su momento pero al transcurrir el tiempo se va olvidando el triste Adios!

Actividad Netamente Académica

miércoles, 14 de marzo de 2007


EL ESPEJO DEL ESTILO


José Luis del Barco


La forma descuidada delata poco fondo, pues lo que se piensa bien se dice bien.Todo lo refleja el estilo. Es un delator que no permite la hipocresía.No es raro oír hablar con desdén del estilo. Quienes lo hacen lo tienen por un superfluo despliegue de preciosidades. Sería un exceso barroco y un gusto superficial por el adorno. Tener voluntad de estilo, ese impulso del artista que cultiva el arte puro, el arte por el arte, supondría preferir la forma al fondo, por más que ésta deba ser el blanco del artista y aquélla sólo el ropaje con el que se ha de vestir. El buen fondo eximiría de cuidar de la forma.Sólo en casos extremos, de patología estética, cuando cuidar la forma se convierte en manierismo, son razonables las invectivas contra el estilo. En los demás suponen un grave error o una coartada que exime del esfuerzo que exige encontrar la forma justa. La forma trasluce el fondo y el fondo exige su forma. La forma descuidada delata poco fondo, pues lo que se piensa bien se dice bien. El estilo es el ajuste perfecto y bello entre el fondo y la forma para el bien de los dos. Desdeñarlo es negligencia o incapacidad.Es incuestionable su relevancia artística. Vargas Llosa lo afirma, para el caso de la novela, de manera rotunda. “En toda novela, dice, es la forma -el estilo en que está escrito y el orden en que aparece lo contado- lo que decide la riqueza o pobreza, la profundidad o trivialidad de la historia”. Baudelaire es aún más drástico. No quiere retener la voluntad del lector “al hilo interminable de una intriga superflua”. Prefiere construir una prosa poética “lo bastante dúctil y entrecortada como para amoldarse a los líricos vaivenes del alma”.A la relevancia artística hay que añadir la antropológica. Le style est l’homme même (“el estilo es el hombre mismo”) escribió Büffon. Es un espejo donde se refleja un alma y transmite al lector el tono de sus fibras. La atormentada de Dostoievski se trasluce en su prosa desarreglada e inquieta; la extasiada de Pessoa, en el temblor de sus frases; la clásica de Borges, en la simetría perfecta de sus historias; la ardorosamente mística de San Juan de la Cruz, en sus versos inflamados de trascendencia. Escribir es un acto de involuntaria impudicia. Detrás de cada frase —en la adjetivación, el léxico o las metáforas— se revela al lector un alma desnuda.Además de artística y antropológica, el estilo posee relevancia ética. Escribir bien exige esfuerzo. La inspiración no consiste en copiar al dictado lo que dice al oído la musa propicia, sino en trabajar la frase, como el tallista la piedra, hasta dejarla limpia de ripios e impurezas. Empobrecer el lenguaje en una palabra, por ahorrarse el esfuerzo de encontrar la exacta, es empobrecer el pensamiento de toda la humanidad en una idea. La claridad es ardua y una obligación moral. Ortega la llamaba “cortesía del filósofo”. Es eso y más: un imperativo ético. Se consigue a base de entrenamiento, que fortalece la voluntad. Todo lo refleja el estilo. Es un delator que no permite la hipocresía. Los intentos de ocultar lo que se lleva dentro crean un arte falso que el lector descubre con desagrado. Es el espejo del hombre.

Qué Dice
El articúlo nos habla sobre como la ética influye en la inspiracion de leer y no copiar de lodictado aunque seria poco fuera de estilo no hacer lo correcto a la hora de leer por ejemplo cualquier obra y no hacer un resumen con sus propias palabras e ideas para asi formar su propio espejo según su estilo.
Opinión
Yo opino que lo mejor es crear uno su propio estilo y no dejarse llevar por lo que veamos en otras personas ya que las personas tenemos libre albedrillo y podemos expresar,decir todo lo que pensamos pero adecuadamente.