DOLORIDO ADIÓS
José Luis del Barco
“Sé bueno” me decía, y trataba sin éxito de reprimir las lágrimas para que yo no la viera.Me despido con dolor. Trataré de atenuarlo volviendo a ti, Guate mala.Guardo vivo en la memoria el recuerdo de mi madre diciéndome adiós desde un viejo andén. Cuando comenzaba el curso, o se reanudaba después de las vacaciones, yo viajaba a Brujillo, el pueblo cacereño de Francisco Bizarro, a estudiar bachillerato. Ella me acompañaba a la estación de autobuses lanzando suspiros para liberar el pecho de los cuajos del dolor. En una de sus manos llevaba mi maleta —yo tenía diez años— y con la otra agarraba fuertemente la mía. “Sé bueno”, me decía, y trataba sin éxito de reprimir las lágrimas para que yo no la viera llorar de pena. Desde mi asiento veía su figura menuda como una heroína. Me quedaba mirándola a través del cristal de la ventanilla hasta perderla de vista. Ya de niño me dolían las despedidas.Y siguen doliéndome. La verdad es que nunca han dejado de hacerlo. Pero cuando se dejan atrás vivencias hondas, de esas que nos cambian, el dolor del adiós se intensifica. Hiere como un desgarro. La densa sombra de la melancolía encapota el ánimo y lo llena de pesar. ¿Cuándo recorreré suspenso las calles de Antigua? ¿Podré otro día lejano contemplar el ocaso del sol soberbio guatemalteco? ¿Veré el volcán de Agua, ese Atitlán telúrico que mira a Dios desde Santa María de Jesús? ¿Cuándo será que pueda oír el suave escarceo, como el de un mar interior, de las olas mansas del Atitlan? ¿Cuánto he de esperar hasta contemplar en vilo el paisaje de Coban? ¡Ah, la gama infinita de verdes de los árboles de la tierra de los árboles! ¿Volverá un día feliz a hechizar a mis ojos?Más que de las ciudades y de la naturaleza cuesta despedirse de las personas. ¿Cómo olvidar a alguien que me abrió su casa de par en par? A la amiga que dejó sus ocupaciones para pasear conmigo por la parte histórica de Guate mala, ¿cómo expulsarla de mis recuerdos? Al que aquella tarde gris, cuando se me hizo dura la ausencia de los míos, me dio su compañía, no podré apartarlo de mi memoria. A quienes supieron ver mi pasión por el mar y me hicieron el regalo de llevarme a la orilla del bélico Pacífico a sentir en el rostro la caricia de sal de su húmeda brisa, ¡por nada del mundo los olvidaría! De tantos que me han brindado su amistad y su tiempo, ¡qué difícil despedirse!En el momento triste de la despedida me da alegría saber que vuelvo enriquecido. Vine a enseñar y he aprendido con cuánto altruismo laten los corazones guatemaltecos. En mi equipaje traía un rimero de libros y un caudal de palabras en mi cabeza para regalarlas. Me llevo lo que traje (los bienes del espíritu no se pierden al darlos) y lleno hasta los bordes el corazón de agradecimiento. Por cada idea que haya podido enseñar he recibido muchas que desconocía; por una belleza, esa posibilidad gratuita, que haya hecho ver y sentir, he descubierto muchas en el alma y el paisaje del pueblo guatemalteco. He recibido ciento por uno. Me despido con dolor. Trataré de atenuarlo volviendo a ti, Guatemala, todas las semanas con mi palabra. Y te evocaré, desde la otra ribera de la mar grande, siempre que mi corazón necesite materia para fabricar sueños.
QUE DICE
El articulo nos habla sobre lo que sufren las personas al decirse: Adios! pero volvere no se cuando pero lo hare, en ese momento sentimos que nuestro mundo se viene abajo y lo que hemos convivido con esa persona especial pareciera que todo se lo llevara el viento.
OPINION
Pienso que las despedidas en si son muy tristes y dolorosas en su momento pero al transcurrir el tiempo se va olvidando el triste Adios!
Actividad Netamente Académica
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