miércoles, 14 de marzo de 2007


EL ESPEJO DEL ESTILO


José Luis del Barco


La forma descuidada delata poco fondo, pues lo que se piensa bien se dice bien.Todo lo refleja el estilo. Es un delator que no permite la hipocresía.No es raro oír hablar con desdén del estilo. Quienes lo hacen lo tienen por un superfluo despliegue de preciosidades. Sería un exceso barroco y un gusto superficial por el adorno. Tener voluntad de estilo, ese impulso del artista que cultiva el arte puro, el arte por el arte, supondría preferir la forma al fondo, por más que ésta deba ser el blanco del artista y aquélla sólo el ropaje con el que se ha de vestir. El buen fondo eximiría de cuidar de la forma.Sólo en casos extremos, de patología estética, cuando cuidar la forma se convierte en manierismo, son razonables las invectivas contra el estilo. En los demás suponen un grave error o una coartada que exime del esfuerzo que exige encontrar la forma justa. La forma trasluce el fondo y el fondo exige su forma. La forma descuidada delata poco fondo, pues lo que se piensa bien se dice bien. El estilo es el ajuste perfecto y bello entre el fondo y la forma para el bien de los dos. Desdeñarlo es negligencia o incapacidad.Es incuestionable su relevancia artística. Vargas Llosa lo afirma, para el caso de la novela, de manera rotunda. “En toda novela, dice, es la forma -el estilo en que está escrito y el orden en que aparece lo contado- lo que decide la riqueza o pobreza, la profundidad o trivialidad de la historia”. Baudelaire es aún más drástico. No quiere retener la voluntad del lector “al hilo interminable de una intriga superflua”. Prefiere construir una prosa poética “lo bastante dúctil y entrecortada como para amoldarse a los líricos vaivenes del alma”.A la relevancia artística hay que añadir la antropológica. Le style est l’homme même (“el estilo es el hombre mismo”) escribió Büffon. Es un espejo donde se refleja un alma y transmite al lector el tono de sus fibras. La atormentada de Dostoievski se trasluce en su prosa desarreglada e inquieta; la extasiada de Pessoa, en el temblor de sus frases; la clásica de Borges, en la simetría perfecta de sus historias; la ardorosamente mística de San Juan de la Cruz, en sus versos inflamados de trascendencia. Escribir es un acto de involuntaria impudicia. Detrás de cada frase —en la adjetivación, el léxico o las metáforas— se revela al lector un alma desnuda.Además de artística y antropológica, el estilo posee relevancia ética. Escribir bien exige esfuerzo. La inspiración no consiste en copiar al dictado lo que dice al oído la musa propicia, sino en trabajar la frase, como el tallista la piedra, hasta dejarla limpia de ripios e impurezas. Empobrecer el lenguaje en una palabra, por ahorrarse el esfuerzo de encontrar la exacta, es empobrecer el pensamiento de toda la humanidad en una idea. La claridad es ardua y una obligación moral. Ortega la llamaba “cortesía del filósofo”. Es eso y más: un imperativo ético. Se consigue a base de entrenamiento, que fortalece la voluntad. Todo lo refleja el estilo. Es un delator que no permite la hipocresía. Los intentos de ocultar lo que se lleva dentro crean un arte falso que el lector descubre con desagrado. Es el espejo del hombre.

Qué Dice
El articúlo nos habla sobre como la ética influye en la inspiracion de leer y no copiar de lodictado aunque seria poco fuera de estilo no hacer lo correcto a la hora de leer por ejemplo cualquier obra y no hacer un resumen con sus propias palabras e ideas para asi formar su propio espejo según su estilo.
Opinión
Yo opino que lo mejor es crear uno su propio estilo y no dejarse llevar por lo que veamos en otras personas ya que las personas tenemos libre albedrillo y podemos expresar,decir todo lo que pensamos pero adecuadamente.





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